¿Transformaremos la Brecha de Desigualdad? ODS 4 y la Educación Superior en Honduras
ODS 4 - Educación de Calidad
La evidente necesidad de mejora en las condiciones de bienestar a nivel global, que además, década tras década se manifiesta con mayor ímpetu en regiones como América latina y el Caribe, junto con la creciente presencia de desafíos para asegurar el desarrollo pleno y una calidad de vida digna, condujo a la creación de la Agenda 2030, un septiembre de 2015, en la Cumbre de Desarrollo Sostenible. En esta se orienta a los Estados y organizaciones varias, a destinar sus actividades al cumplimiento del plan de acción de esta Agenda que contiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas interconectadas. Es así como se coloca en el foco de atención la necesidad de asegurar una educación de calidad, siendo el encargado de esto el ODS 4 “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad”.
Este objetivo marca la ruta que busca garantizar el acceso a una educación pertinente, efectiva y transformadora, articulándose con 10 metas concretas destinadas al mejoramiento y calidad de la educación en todos los niveles, el acceso igualitario a la educación terciaria, aumento de las condiciones estructurales en los sistemas educativos, que eliminen cualquier tipo de segregación.
Ahora, si pensamos particularmente en el contexto de Honduras, este objetivo es de gran relevancia, al tomar en consideración la evidente y profunda brecha de desigualdad socioeconómica que afecta el acceso y cobertura educativa. El país, sufre indudables flagelos al tomar en cuenta el contexto de pobreza, la migración masiva, los altos niveles de analfabetismo y las bajas oportunidades de acceder a una educación superior, llevando históricamente a segregar diversos grupos.
Una mirada a la situación socioeconómica
Es indiscutible que Honduras enfrenta desafíos históricos en materia de educación, donde, a pesar que se han presentado diversas propuestas públicas de atender esta problemática, se enfrenta ante un problema estructural de carácter multidimensional que van más allá de la oferta constituida por el Estado o instituciones educativas pública y privada, se podría decir de que la génesis de esta problemática está en las condiciones socio-económicas de la población, donde según datos reportados por el Instituto Nacional de Estadística en el 2024, el 62,9% vive en condiciones de pobreza, mientras que un 40.1% vive en pobreza extrema.
Esta situación es una de las principales causas de la migración masiva de la población joven (motivos de la migración: desempleo 52%; búsqueda de un mejor trabajo 51,5% y por bajos ingresos 36%) (Foro Dakar Honduras, 2023).
Es así que vemos como las condiciones nacionales han perpetuado un ciclo de pobreza que es difícil de romper, según cifras oficiales presentadas por el INE en el 2024, el 15.2% de la población subsistía con un ingreso per cápita de un dólar o menos al día, denotando una amplia desigualdad que se visualiza en un coeficiente de Gini de 0.49, situación que se agudiza en las zonas rurales. (Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 2025).
Desigualdad estructural y exclusión educativa
Esto plantea la interrogante de si estas condiciones son adecuadas para asegurar el acceso a la educación superior para la población, pudiendo contemplar que, dada la precaria situación, los jóvenes no solo carecen de las condiciones socioeconómicas necesarias para acceder a diversas universidades, sino que también se ven obligados a buscar y priorizar opciones laborales que aseguren un ingreso económico antes de considerar la posibilidad de ingresar a un estudio universitario.
Por ello para abordar esta situación, se ha promovido el fortalecimiento del papel rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, permitiendo que se de paso a la creación de redes de cooperación académica, sin embargo, al analizar el contexto, se reafirma como las condiciones socioeconómicas arriba mencionadas afectan directamente la situación de educación superior.
Por ejemplo, en la última década la cobertura que se alcanza en educación superior se encuentra estancada, con una cifra alarmante del 17%, donde por cada 100 jóvenes de 18 a 24 años, apenas 17 logran ingresar, es decir que, de acuerdo con estimaciones en los últimos 10 años, solo se han contabilizado aproximadamente 197,000 jóvenes que estudian entre las 20 universidades del país, (El Heraldo, 2023). Además, los datos muestran que el número de estudiantes matriculados en el sistema de educación superior, tanto público como privado, se redujo de 266,908 en 2018 a 195,971 en 2023, lo que indica que se han perdido 70,937 matrículas en los últimos seis años.
Pero esta problemática no se limita al tema de la cobertura, la crisis a nivel de educación se agrava cuando observamos la dificultad para asegurar la permanencia de los universitarios que ingresan, donde solo el 46% logra graduarse, mientras que más del 50% abandonan el proceso formativo. El economista y ex Vicerrector de Asuntos Internacionales de la UNAH, Julio Raudales, agregó que las probabilidades que una persona graduada de la universidad sea pobre, es solo del 2% y, por otro lado, la probabilidad que una persona que no culminó la educación básica sea pobre, es del 78%. (Burgos, 2022).
Según datos presentados en el Informe del 2024 sobre la Educación Superior en Iberoamérica, el acceso a la educación superior en Honduras está altamente condicionado por el nivel socioeconómico, siendo el país en Iberoamérica con la mayor brecha en cuanto a inclusión educativa en nivel superior. Donde la participación del quintil más pobre {Q1} en la educación terciaria (universitario) es del 2%, mientras que en contraste la participación en la educación terciaria de aquellos estudiantes provenientes del quintil más rico {Q5} es del 48,1%, evidente mayor, esto refleja que la participación del quintil más alto es 27,8 veces mayor que la del quintil más bajo respectivamente, dejando en evidencia una brecha social que perpetua la distancia evidente en la participación de los sectores más pobres en relación a la población proveniente de los sectores más ricos (Brunner, 2024).
Con esto queda en evidencia que la actual situación de la educación en Honduras y el limitado avance en el cumplimiento del ODS 4 son parte de una problemática multidimensional y una crisis perpetuada por una profunda desigualdad socio-económica, que va más allá de la deficiencia en la gestión. Esta crisis se puede considerar más crítica cuando se trata del acceso a la educación superior, ya que sumado a las situaciones mencionadas existe un déficit de la formación de capacidad en la educación media y procesos de admisión que pueden llevar a la segregación de diversas poblaciones.
Compromiso con el ODS 4
Es así como, aunque el país ha declarado en múltiples ocasiones un compromiso con el cumplimiento del ODS 4, cuando se aborda desde una dimensión práctica, sigue persistiendo un enfoque fragmentado en su implementación, que aleja cada vez más las acciones realizadas por el Estado, al cumplimiento del mismo. En marco de este contexto puede considerarse una relación bilateral, donde, por un lado, la educación presentada como un derecho requiere y exige dar respuesta a la crisis socioeconómica para asegurar su acceso, visto desde otra propuesta, la educación es en sí misma, la respuesta a la problemática al constituirse como un bien público y eje estratégico para superar las brechas de desigualdad estructurales, que perpetúan la marginación, segregación y la pobreza.
Al considerar la premisa anterior, se reconoce el ODS 4 como un pilar fundamental para el cumplimiento del resto de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, debido a que este se agrupa dentro del conjunto de objetivos sociales, que buscan garantizar las condiciones de bienestar social, en este sentido el ODS 4 Educación de Calidad, se establece como un derecho habilitante que impulsa el desarrollo humano, fomenta la equidad social y que a su vez tiene un impacto significativo, en los procesos de transformación económica, social y política, convirtiéndose así en una herramienta estratégica para enfrentar desafíos estructurales.
De esta manera a la vez que se concibe la educación como un derecho y un bien público, se construyen acciones que buscan mayor articulación con diversos actores, siendo una iniciativa de esto la Política de Inclusión y Equidad en la Educación Superior para la Cohesión Social (PIES-UNAH), que se construye como un instrumento que permita dar respuesta a la persistente problemática del acceso, permanencia y éxito de los jóvenes en la educación superior.
Esta propuesta tiene además como parte de su objetivo y alcance el contribuir activamente al desarrollo humano presentando siete líneas de acción acceso equitativo, diversidad e inclusión, apoyo estudiantil integral, equidad en la calidad educativa, vinculación con la sociedad, evaluación y mejora continua, y comunicación. Así mismo, la política dentro de su campo de acción promueve procesos de formación, ajustes normativos, evaluación con indicadores y articulación interinstitucional. (UNAH, 2024).
Ante lo expuesto es de gran relevancia analizar como la persistente desigualdad estructural presente en todos los escenarios del país, limita severamente el acceso a la educación superior, agudizándose cada vez más esta problemática y evidenciando una brecha socioeconómica que se contraponen a los principios del ODS 4, esto es evidente pese a los múltiples compromisos formales en los que se encuentra suscrito Honduras, esto lleva a propuestas de políticas como la PIES-UNAH que buscan fortalecer un abordaje inclusivo, sin embargo, aún es evidente que la implementación fragmentada y las condiciones precarias continúan excluyendo a los sectores más vulnerables. Siendo aun una problemática púbica de prioridad a la que se requiere dar respuesta.
Referencias
Brunner, J. J. (2024). Educación Superior en Iberoamérica, Informe 2024. Santiago: Centro Interuniversitario de Desarrollo CINDA.
Burgos, J. (15 de Septiembre de 2022). Honduras: deficiente cobertura en educación superior genera exclusión y pobreza. Criterio.hn. Recuperado de https://criterio.hn/honduras-deficiente-cobertura-en-educacion-superior-genera-exclusion-y-pobreza
El Heraldo. (17 de Julio de 2023). Apenas 17 de cada 100 jóvenes de 18 a 24 años entran a las universidades. El Heraldo. Recuperado de https://www.elheraldo.hn/honduras/apenas-17-de-cada-100-jovenes-de-18-a-24-anos-entran-a-las-universidades-KF14444529
Foro Dakar Honduras. (2023). Informe Sombra 2023. Avances del ODS4 en el Sector Educación en Honduras.
UNAH. (7 de agosto de 2024). Política de Inclusión y Equidad en la Educación Superior para la Cohesión Social (PIES-UNAH). Diario Oficial La Gaceta, No. 36,606. https://www.lagaceta.gob.hn.
Universidad Nacional Autónoma de Honduras. (2025). Boletín 060: Desafíos económicos en Honduras para 2025. [PDF]. Obtenido de https://dircom.unah.edu.hn/dmsdocument/18225-boletin-unah-060-enero-2025-pdf


