Día Internacional de la Niña, Honduras: Entre desafíos y limitaciones

Elías Villalta • 12 de octubre de 2026

Un día para mirar a las niñas

Cada 11 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Niña, instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la Resolución 66/170 de 2011, con el propósito de reconocer los derechos de las niñas y visibilizar los obstáculos particulares que enfrentan por el hecho de ser niñas. La fecha invita a mirar más allá de los promedios: en varios indicadores las brechas entre niñas y niños parecen pequeñas o incluso favorables a ellas, pero detrás de esas cifras persisten cargas, riesgos y expectativas que se asignan según el género desde edades muy tempranas.


En Honduras, según la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples (EPHPM) procesada por el Observatorio Demográfico Universitario de la UNAH, en 2024 la población de 5 a 17 años ascendía a 2,517,803 personas, de las cuales 1,238,979 eran niñas (ODU-UNAH, 2024). Para una proporción importante de ellas, la infancia transcurre entre la escuela, el trabajo y, sobre todo, las tareas domésticas y de cuidado que sostienen la vida de sus hogares, un trabajo que rara vez se nombra como tal.


Este artículo, elaborado con base en estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) y en análisis académicos de la UNAH, examina cómo se manifiesta esa desigualdad en el trabajo infantil, en el trabajo doméstico no remunerado y remunerado, y en las trayectorias educativas de las niñas hondureñas, en diálogo con las metas 5.4 y 8.7 de la Agenda 2030, que llaman a reconocer y valorar los cuidados no remunerados y a poner fin al trabajo infantil en todas sus formas.


Trabajo Infantil: Una brecha que cambia de forma

La Encuesta Nacional de Demografía y Salud ENDESA/MICS 2019 estimó que el 15.3% de las niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años realizaba trabajo infantil. La incidencia era mayor entre los niños (18%) que entre las niñas (13%) y se concentraba en el grupo de 12 a 14 años (22%), en el área rural (19% frente a 11% en la urbana), entre quienes no asistían a la escuela (23%) y en el quintil más pobre (24% frente a 10% en el más rico). Intibucá (21.6%) y Lempira (21.3%) registraban las tasas departamentales más altas (INE, 2025).


Sin embargo, la diferencia por sexo se invierte cuando se observa el tipo de actividad. Mientras el 16% de los niños superaba el umbral de horas en actividades económicas, frente al 5% de las niñas, el 8% de las niñas lo hacía en tareas domésticas, frente al 2% de los niños (INE, 2025). Es decir, el trabajo infantil de las niñas no desaparece: se desplaza hacia el interior del hogar, donde es menos visible y, con frecuencia, menos cuestionado.


Las series de la EPHPM muestran una reducción del trabajo infantil, de 364,765 casos en 2019 a 225,179 en 2023, aunque la tasa en el área rural (11.9%) sigue siendo casi el doble que en la urbana (6.1%). La misma fuente advierte que el ritmo de reducción no es suficiente para alcanzar las metas nacionales e internacionales (ODU-UNAH, 2024). Como ya lo documentaba el ODU para 2010 y 2017, el trabajo infantil se vincula estrechamente con la pobreza, en un país donde en 2017 el 64% de los hogares vivía en esa condición (ODU-UNAH, s. f.).


El trabajo que no se: tareas domésticas y de cuidado

La EPHPM permite dimensionar el peso de los quehaceres del hogar en la vida de la niñez. En 2023, 156,463 personas de 5 a 17 años tenían como condición de actividad realizar quehaceres del hogar; de ellas, 130,500 eran niñas, es decir, más de ocho de cada diez (83.4%). Lejos de disminuir, la cifra creció respecto a 2019, cuando se registraron 120,435 niñas en esa condición. En contraste, entre quienes solo trabajaban en actividades económicas, las niñas representaban apenas el 18.9% (30,410 de 160,798) (ODU-UNAH, 2024).


El ODU señala que este aumento puede reflejar la mayor participación de las mujeres adultas en el mercado laboral y la consecuente transferencia de responsabilidades domésticas hacia hijas e hijos, con efectos en su salud física y mental y en su potencial futuro (ODU-UNAH, 2024). La MICS 2019, cuyos microdatos incluyen información sobre las tareas del hogar y el cuidado de personas realizados por niñas y niños de 5 a 17 años, ofrece una base para profundizar este análisis con enfoque de género (UNICEF e INE, 2019).


Los estudios de uso del tiempo confirman que esta distribución se aprende y se reproduce. En la región Trifinio, las mujeres dedican en promedio 67.6 horas semanales al cuidado de niñas y niños de 6 a 14 años y 31.4 horas al de la primera infancia, mientras que los hombres que cuidan a niñas y niños en edad escolar reportan 37.5 horas. Entre las razones para no haber recibido educación formal, la encuesta registró la creencia de que «estudiar no es importante para las niñas», y las obligaciones en el hogar fueron mencionadas exclusivamente por mujeres (ONU Mujeres et al., 2025).


A escala nacional, el INE reporta que, en 2022, el 8.34% de las mujeres que no estudiaban no lo hacía porque realizaba o ayudaba en quehaceres del hogar, mientras que el 21.99% lo atribuía a la falta de recursos económicos (INE, 2022).


El resultado es una doble invisibilidad. Las horas que las niñas dedican a cocinar, limpiar o cuidar a hermanos menores solo se cuentan como trabajo infantil cuando superan umbrales elevados (21 horas semanales entre los 5 y los 14 años) y, entre los 15 y los 17 años, la definición de la MICS no fija umbral para las tareas domésticas, por lo que estas no se contabilizan (INE, 2025). Al mismo tiempo, ese trabajo tampoco se reconoce socialmente como una contribución al bienestar del hogar.

Superar esta situación exige reconocer que el problema no es solo de cantidad de horas, sino de mandatos de género: cuando el cuidado se asume como una tarea natural de las niñas, se legitima que su tiempo de estudio, juego y descanso valga menos que el de sus hermanos.


Del Hogar propio al hogar ajeno: el trabajo doméstico remunerado

Para muchas niñas, el aprendizaje doméstico en casa se convierte en la puerta de entrada al trabajo en hogares de terceros. El estudio del INE y la OIT-IPEC/SIMPOC estimó que en 2002 había 20,764 niñas y niños en trabajo doméstico en casas ajenas, de los cuales 19,783 eran niñas (95.3%). Trabajaban en promedio 10 horas diarias, más de la mitad no estudiaba, ninguno contaba con seguro de salud ni contrato escrito, ocho de cada diez tenían un día libre o menos a la semana y el 64% se había incorporado al trabajo antes de los 14 años (INE y OIT-IPEC/SIMPOC, 2003).


Más de quince años después, el patrón persiste. En el Distrito Central, el 11% de las trabajadoras domésticas remuneradas tenía entre 15 y 18 años y, de ese grupo, 933 eran menores de 18 años, lo que evidencia trabajo infantil. Los testimonios recogidos describen niñas que, a partir de los 10 años, son entregadas a familiares o conocidos para realizar este trabajo a cambio de alimentación y techo, así como niñas de 12 a 14 años que en Intibucá cuidan a otros niños y lavan ropa (MDS-UNAH, 2019).


La investigación académica ha caracterizado este empleo por jornadas de 12 a 14 horas para quienes viven en el lugar de trabajo (Salguero Molina, 2018) y por una precariedad persistente: bajos salarios, jornadas inestables, contratos informales y nulo acceso a la protección social. Con datos de la EPHPM de 2022 se observa, además, que el 8.8% de las trabajadoras del cuidado de 15 a 18 años migró en busca de trabajo, señal de que muchas adolescentes inician su vida laboral lejos de sus comunidades (Sabillón Casco, 2025).


Escuela, maternidad temprana y autonomía

Paradójicamente, las niñas que trabajan suelen tener más años de estudio que los niños en igual condición: en 2017 alcanzaban 6.8 años promedio, frente a 5.7 de los niños; sin embargo, su ingreso promedio por trabajo era menor (L 1,807.84 frente a L 1,992.35) (ODU-UNAH, s. f.). En 2023, de las 64,025 personas de 5 a 17 años que estudiaban y trabajaban, 27,219 eran niñas (ODU-UNAH, 2024). La escolaridad, por sí sola, no garantiza que el esfuerzo de las niñas se traduzca en igualdad de oportunidades.

Las trayectorias educativas también se interrumpen por la maternidad temprana. Según la ENDESA/MICS 2019, el 22.9% de las adolescentes de 15 a 19 años había estado alguna vez embarazada, proporción que llega al 28.3% en el área rural, frente al 16.5% en la urbana, y el 1.4% tuvo un hijo nacido vivo antes de los 15 años (INE, s. f.; INE, 2022). Entre las mujeres que no estudiaban en 2022, el 3.63% señaló como razón haberse casado o quedado embarazada, y el analfabetismo femenino rural (17.1%) seguía más que duplicando al urbano (7.2%) (INE, 2022).


Compromisos Pendientes

El Día Internacional de la Niña es una oportunidad para pasar del reconocimiento a la acción. La evidencia revisada muestra que la desigualdad que enfrentan las niñas hondureñas no siempre aparece en las tasas globales de trabajo infantil, sino en la distribución del tiempo, en la naturalización del trabajo doméstico y en el tránsito temprano hacia empleos precarios. Atenderla requiere medir de forma sistemática las tareas domésticas y de cuidado que realizan niñas y niños, con desagregación por sexo, edad y territorio; promover la corresponsabilidad de los cuidados entre hombres, mujeres, Estado y comunidad; garantizar la permanencia escolar de las niñas en las zonas rurales y en los hogares más pobres; fortalecer la inspección y la protección frente al trabajo infantil doméstico en hogares de terceros; y, sobre todo, transformar los esquemas de pensamiento que atribuyen a las mujeres y niñas las responsabilidades del cuidado, e invisibilizan cómo esto limita su disponibilidad de tiempo para otras actividades, dejando sobre las mujeres y las niñas la obligación invisible de reproducir la vida.


Invertir en las niñas no es solo un compromiso con la Agenda 2030; es una condición para romper los ciclos de pobreza y desigualdad que atraviesan generaciones. Reconocer su tiempo, su voz y su derecho a una infancia libre de cargas impropias es, en última instancia, apostar por el futuro del país.




Referencias

Instituto Nacional de Estadística [INE]. (2022). Situación de la mujer hondureña (basado en la EPHPM de junio de 2022). https://temp.ine.gob.hn/wp-content/uploads/2025/05/Situacion-de-la-mujer-hondurena-2022.pdf

Instituto Nacional de Estadística [INE]. (2025). Encuesta Nacional de Demografía y Salud ENDESA/MICS 2019: Trabajo infantil (ficha temática). https://temp.ine.gob.hn/wp-content/uploads/2025/02/10-Trabajo-infantil.pdf

Instituto Nacional de Estadística [INE]. (s. f.). Encuesta Nacional de Demografía y Salud ENDESA/MICS 2019: Informe de resultados. https://temp.ine.gob.hn/wp-content/uploads/2025/02/Informe-ENDESA-MICS-2019-1.pdf

Instituto Nacional de Estadística [INE] y OIT-IPEC/SIMPOC. (2003). Situación del trabajo infantil en Honduras. https://www.ilo.org/sites/default/files/2025-05/2003_hn_anlqual.es.pdf

Maestría en Demografía Social [MDS-UNAH]. (2019). DEMOMUJER Vol. 9: Trabajo doméstico remunerado en el Distrito Central, 2018-2019. Universidad Nacional Autónoma de Honduras. https://mdd.unah.edu.hn/dmsdocument/9808-demomujer-vol-9

Observatorio Demográfico Universitario [ODU-UNAH]. (2024). Trabajo infantil en Honduras: tendencias y desafíos 2019-2024 (Boletín n.º 17). Universidad Nacional Autónoma de Honduras. https://odu.unah.edu.hn/dmsdocument/18284-no-17-trabajo-infantil-en-honduras-tendencias-y-desafios-2019-2024

Observatorio Demográfico Universitario [ODU-UNAH]. (s. f.). Trabajo infantil: una realidad persistente en Honduras, 2010 y 2017 (Boletín n.º 6). Universidad Nacional Autónoma de Honduras. https://odu.unah.edu.hn/dmsdocument/16036-no-6-trabajo-infantil-una-realidad-persistente-en-honduras-2010-y-2017

ONU Mujeres, INE Honduras y We Effect. (2025). Resultados y análisis de la Encuesta del Uso del Tiempo en la región Trifinio. https://latin.weeffect.org/app/uploads/2025/08/2025_encuesta-uso-del-tiempo-en-el-trifinio.pdf

Sabillón Casco, J. (2025). Precariedad en trabajadoras del cuidado en Honduras. Revista de Ciencias Sociales, (188), 53-77. https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/rsociales/article/download/4006/4436/19157

Salguero Molina, S. I. (2018). Caracterización del trabajo doméstico y su remuneración en la ciudad de Tegucigalpa, M.D.C. Años 2001 y 2010 [Tesis de maestría, Universidad Nacional Autónoma de Honduras]. https://mdd.unah.edu.hn/dmsdocument/6883-caracterizacion-del-trabajo-domestico-remunerado-distrito-central-2001-2010

UNICEF e INE. (2019). Multiple Indicator Cluster Survey 2019, Honduras [Microdatos]. https://microdata.worldbank.org/catalog/4285


Uso de inteligencia artificial: En la elaboración de este artículo se utilizó Claude (Anthropic), mediante su complemento para Microsoft Word, como apoyo para la extracción y sistematización de datos de las fuentes consultadas, la elaboración de un borrador y el formato de las referencias. Las fuentes fueron seleccionadas por el autor, quien diseñó, revisó, modificó y verificó el contenido y las cifras contra los documentos originales y asume total responsabilidad por el texto final.

por Nahomy Andino • 8 de octubre de 2026
ODS 4 - Educación de Calidad La evidente necesidad de mejora en las condiciones de bienestar a nivel global, que además, década tras década se manifiesta con mayor ímpetu en regiones como América latina y el Caribe, junto con la creciente presencia de desafíos para asegurar el desarrollo pleno y una calidad de vida digna, condujo a la creación de la Agenda 2030, un septiembre de 2015, en la Cumbre de Desarrollo Sostenible. En esta se orienta a los Estados y organizaciones varias, a destinar sus actividades al cumplimiento del plan de acción de esta Agenda que contiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas interconectadas. Es así como se coloca en el foco de atención la necesidad de asegurar una educación de calidad, siendo el encargado de esto el ODS 4 “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad”. Este objetivo marca la ruta que busca garantizar el acceso a una educación pertinente, efectiva y transformadora, articulándose con 10 metas concretas destinadas al mejoramiento y calidad de la educación en todos los niveles, el acceso igualitario a la educación terciaria, aumento de las condiciones estructurales en los sistemas educativos, que eliminen cualquier tipo de segregación. Ahora, si pensamos particularmente en el contexto de Honduras, este objetivo es de gran relevancia, al tomar en consideración la evidente y profunda brecha de desigualdad socioeconómica que afecta el acceso y cobertura educativa. El país, sufre indudables flagelos al tomar en cuenta el contexto de pobreza, la migración masiva, los altos niveles de analfabetismo y las bajas oportunidades de acceder a una educación superior, llevando históricamente a segregar diversos grupos. Una mirada a la situación socioeconómica Es indiscutible que Honduras enfrenta desafíos históricos en materia de educación, donde, a pesar que se han presentado diversas propuestas públicas de atender esta problemática, se enfrenta ante un problema estructural de carácter multidimensional que van más allá de la oferta constituida por el Estado o instituciones educativas pública y privada, se podría decir de que la génesis de esta problemática está en las condiciones socio-económicas de la población, donde según datos reportados por el Instituto Nacional de Estadística en el 2024, el 62,9% vive en condiciones de pobreza, mientras que un 40.1% vive en pobreza extrema. Esta situación es una de las principales causas de la migración masiva de la población joven (motivos de la migración: desempleo 52%; búsqueda de un mejor trabajo 51,5% y por bajos ingresos 36%) (Foro Dakar Honduras, 2023). Es así que vemos como las condiciones nacionales han perpetuado un ciclo de pobreza que es difícil de romper, según cifras oficiales presentadas por el INE en el 2024, el 15.2% de la población subsistía con un ingreso per cápita de un dólar o menos al día, denotando una amplia desigualdad que se visualiza en un coeficiente de Gini de 0.49, situación que se agudiza en las zonas rurales. (Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 2025). Desigualdad estructural y exclusión educativa Esto plantea la interrogante de si estas condiciones son adecuadas para asegurar el acceso a la educación superior para la población, pudiendo contemplar que, dada la precaria situación, los jóvenes no solo carecen de las condiciones socioeconómicas necesarias para acceder a diversas universidades, sino que también se ven obligados a buscar y priorizar opciones laborales que aseguren un ingreso económico antes de considerar la posibilidad de ingresar a un estudio universitario. Por ello para abordar esta situación, se ha promovido el fortalecimiento del papel rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, permitiendo que se de paso a la creación de redes de cooperación académica, sin embargo, al analizar el contexto, se reafirma como las condiciones socioeconómicas arriba mencionadas afectan directamente la situación de educación superior. Por ejemplo, en la última década la cobertura que se alcanza en educación superior se encuentra estancada, con una cifra alarmante del 17%, donde por cada 100 jóvenes de 18 a 24 años, apenas 17 logran ingresar, es decir que, de acuerdo con estimaciones en los últimos 10 años, solo se han contabilizado aproximadamente 197,000 jóvenes que estudian entre las 20 universidades del país, (El Heraldo, 2023). Además, los datos muestran que el número de estudiantes matriculados en el sistema de educación superior, tanto público como privado, se redujo de 266,908 en 2018 a 195,971 en 2023, lo que indica que se han perdido 70,937 matrículas en los últimos seis años. Pero esta problemática no se limita al tema de la cobertura, la crisis a nivel de educación se agrava cuando observamos la dificultad para asegurar la permanencia de los universitarios que ingresan, donde solo el 46% logra graduarse, mientras que más del 50% abandonan el proceso formativo. El economista y ex Vicerrector de Asuntos Internacionales de la UNAH, Julio Raudales, agregó que las probabilidades que una persona graduada de la universidad sea pobre, es solo del 2% y, por otro lado, la probabilidad que una persona que no culminó la educación básica sea pobre, es del 78%. (Burgos, 2022). Según datos presentados en el Informe del 2024 sobre la Educación Superior en Iberoamérica, el acceso a la educación superior en Honduras está altamente condicionado por el nivel socioeconómico, siendo el país en Iberoamérica con la mayor brecha en cuanto a inclusión educativa en nivel superior. Donde la participación del quintil más pobre {Q1} en la educación terciaria (universitario) es del 2%, mientras que en contraste la participación en la educación terciaria de aquellos estudiantes provenientes del quintil más rico {Q5} es del 48,1%, evidente mayor, esto refleja que la participación del quintil más alto es 27,8 veces mayor que la del quintil más bajo respectivamente, dejando en evidencia una brecha social que perpetua la distancia evidente en la participación de los sectores más pobres en relación a la población proveniente de los sectores más ricos (Brunner, 2024). Con esto queda en evidencia que la actual situación de la educación en Honduras y el limitado avance en el cumplimiento del ODS 4 son parte de una problemática multidimensional y una crisis perpetuada por una profunda desigualdad socio-económica, que va más allá de la deficiencia en la gestión. Esta crisis se puede considerar más crítica cuando se trata del acceso a la educación superior, ya que sumado a las situaciones mencionadas existe un déficit de la formación de capacidad en la educación media y procesos de admisión que pueden llevar a la segregación de diversas poblaciones. Compromiso con el ODS 4 Es así como, aunque el país ha declarado en múltiples ocasiones un compromiso con el cumplimiento del ODS 4, cuando se aborda desde una dimensión práctica, sigue persistiendo un enfoque fragmentado en su implementación, que aleja cada vez más las acciones realizadas por el Estado, al cumplimiento del mismo. En marco de este contexto puede considerarse una relación bilateral, donde, por un lado, la educación presentada como un derecho requiere y exige dar respuesta a la crisis socioeconómica para asegurar su acceso, visto desde otra propuesta, la educación es en sí misma, la respuesta a la problemática al constituirse como un bien público y eje estratégico para superar las brechas de desigualdad estructurales, que perpetúan la marginación, segregación y la pobreza. Al considerar la premisa anterior, se reconoce el ODS 4 como un pilar fundamental para el cumplimiento del resto de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, debido a que este se agrupa dentro del conjunto de objetivos sociales, que buscan garantizar las condiciones de bienestar social, en este sentido el ODS 4 Educación de Calidad, se establece como un derecho habilitante que impulsa el desarrollo humano, fomenta la equidad social y que a su vez tiene un impacto significativo, en los procesos de transformación económica, social y política, convirtiéndose así en una herramienta estratégica para enfrentar desafíos estructurales. De esta manera a la vez que se concibe la educación como un derecho y un bien público, se construyen acciones que buscan mayor articulación con diversos actores, siendo una iniciativa de esto la Política de Inclusión y Equidad en la Educación Superior para la Cohesión Social (PIES-UNAH), que se construye como un instrumento que permita dar respuesta a la persistente problemática del acceso, permanencia y éxito de los jóvenes en la educación superior. Esta propuesta tiene además como parte de su objetivo y alcance el contribuir activamente al desarrollo humano presentando siete líneas de acción acceso equitativo, diversidad e inclusión, apoyo estudiantil integral, equidad en la calidad educativa, vinculación con la sociedad, evaluación y mejora continua, y comunicación. Así mismo, la política dentro de su campo de acción promueve procesos de formación, ajustes normativos, evaluación con indicadores y articulación interinstitucional. (UNAH, 2024). Ante lo expuesto es de gran relevancia analizar como la persistente desigualdad estructural presente en todos los escenarios del país, limita severamente el acceso a la educación superior, agudizándose cada vez más esta problemática y evidenciando una brecha socioeconómica que se contraponen a los principios del ODS 4, esto es evidente pese a los múltiples compromisos formales en los que se encuentra suscrito Honduras, esto lleva a propuestas de políticas como la PIES-UNAH que buscan fortalecer un abordaje inclusivo, sin embargo, aún es evidente que la implementación fragmentada y las condiciones precarias continúan excluyendo a los sectores más vulnerables. Siendo aun una problemática púbica de prioridad a la que se requiere dar respuesta. Referencias Brunner, J. J. (2024). Educación Superior en Iberoamérica, Informe 2024. Santiago: Centro Interuniversitario de Desarrollo CINDA. Burgos, J. (15 de Septiembre de 2022). Honduras: deficiente cobertura en educación superior genera exclusión y pobreza. Criterio.hn. Recuperado de https://criterio.hn/honduras-deficiente-cobertura-en-educacion-superior-genera-exclusion-y-pobreza El Heraldo. (17 de Julio de 2023). Apenas 17 de cada 100 jóvenes de 18 a 24 años entran a las universidades. El Heraldo. Recuperado de https://www.elheraldo.hn/honduras/apenas-17-de-cada-100-jovenes-de-18-a-24-anos-entran-a-las-universidades-KF14444529 Foro Dakar Honduras. (2023). Informe Sombra 2023. Avances del ODS4 en el Sector Educación en Honduras. UNAH. (7 de agosto de 2024). Política de Inclusión y Equidad en la Educación Superior para la Cohesión Social (PIES-UNAH). Diario Oficial La Gaceta, No. 36,606. https://www.lagaceta.gob.hn. Universidad Nacional Autónoma de Honduras. (2025). Boletín 060: Desafíos económicos en Honduras para 2025. [PDF]. Obtenido de https://dircom.unah.edu.hn/dmsdocument/18225-boletin-unah-060-enero-2025-pdf
por sites • 1 de julio de 2019
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